miércoles, agosto 29, 2007

Epicentro; Pisco

A 11 dias de ocurrido el terremoto, el viento sopla con fuerza y los remolinos de polvo anaranjado zigzaguean de un lado a otro sobre los escombros de la ciudad, como si fueran las almas de los fallecidos que no logran encontrar el lugar donde alguna vez estuvo su hogar. Las tormentas de arena muestran y ocultan, alternadamente y a su capricho, extrañas escenas; una interminable fila de postes torcidos a lo largo de la carretera, cual guardia de ebrios que nos escoltan a un mundo surrealista, un poco mas allá algunas siluetas a contraluz sepultando algo en medio de los arenales, una solitaria y solidaria voluntaria que mochila al hombro camina imbuida en su anonimato, contra el viento, rumbo a la ciudad a prestar ayuda en lo que pueda.
Vemos gente a nuestro alrededor, todos sin excepción llevan mascarillas en el rostro; rostros grises y polvorientos de miradas inexpresivas y andar de autómatas pasan a nuestro lado, parece que hubiéramos ingresado a una realidad paralela, casi Kafkiana, donde las emociones ya no existen; tal vez las personas las agotaron todas durante el sismo y ya no les queda mas para expresar.


De pie en la Plaza de Armas de Pisco, frente a la esquina de la Calle Comercio, donde aun no se han iniciado los trabajos de limpieza, vienen a la mente escenas de lo que debió ser la tragedia: Un ruido ensordecedor, la tierra se estremece por mas de dos minutos, el piso parece licuarse bajo los pies, las casas caen una tras otra alrededor y sobre mas de 100,000 personas que no saben a donde correr en medio de la obscuridad total, los que alcanzan la estrecha calle, rodeados de gritos, ven los hasta ahora inexplicables y apocalipticos círculos de intensa luz en el cielo, que se expanden por mas de 160 kms hasta Lima, mientras una irrespirable nube de polvo de adobe y ladrillo destruido los ahoga. Luego el silencio, la incertidumbre y la incomunicación total. 10 horas después; las primeras luces del alba les muestran que ya no tienen hogar, no tienen familia, no tiene ciudad, no tienen nada. Todas las estructuras que aun se sostienen, están fracturadas; muertas en pie como los arboles.

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Texto y Fotos : © Carlos Gracía Granthon
Derechos Reservados

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