lunes, octubre 20, 2008

Trotamundos



Septiembre 22 a Octubre 15 de 2008

Eran las 21:00 en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, en Lima, ninguno de los cuatro contábamos con boletos aéreos, pero teníamos que viajar a Bolivia esa misma noche…

En realidad la historia comenzó algunos días atrás, cuando me contrataron desde ultramar, como fotógrafo, para realizar unos reportajes sobre ”Comercio Justo” en Perú y Bolivia. Para ser más preciso con los orígenes de esta crónica; diré que fue exactamente el lunes de esa misma semana, que conocí a Fiona, experimentada reportera británica y excelente persona, cuando comenzó esta loca carrera por las tierras alto andinas.

Aquel lunes 22 de Septiembre, cuando empezó mi asignación, luego de unas breves entrevistas y sus respectivas fotos en Lima, ambos partimos para Cuzco; llegamos al atardecer sin mayores inconvenientes y tras las coordinaciones de rigor salí a tomar algunas fotos de la ciudad imperial, pero… demasiada gente en las calles; por intentar tomarle una foto a la famosa piedra de los doce ángulos en contrapicado, fui pisoteado tantas veces como vértices tenia la condenada piedrecita; así que decidí esperar hasta mas tarde cuando hubiese menos tumulto y me fui a cenar. Durante la comida me enteraría que precisamente esa noche, la única que tenia programada pasar en Cuzco, a algún venerable hijo de la ciudad imperial se le había ocurrido apagar temprano las luces de los monumentos históricos; empezando por la pileta, de la cual solo alcance a tomar una foto, para luego correr por toda la empedrada ciudad tratando de capturar en mi cámara lo poco que quedara iluminado, antes que el anónimo apagador de luces apagara también mis oportunidades.

Al día siguiente muy temprano, acompañados por Kusi, nuestra guía y anfitriona, simpática y agradable chica de fuerte personalidad y con una muy propia cosmovisión sobre lógica y conducta humana; le dijimos adiós a la ciudad (y a sus muchos monumentos que no alcance a fotografiar) para dirigirnos a Cuyo Chico y Cuyo Grande. Que?, Donde queda Cuyo?, pues… en el “Cuyo” del mundo!.  Como sea, las entrevistas y las fotos iban muy bien en aquellos parajes, hasta que al medio día los efectos de la altura hicieron presa de Fiona. Ya en la tarde alojados en casa de Claudio y Valentina, dos buenas personas del lugar que tienen un albergue para “turismo vivencial”, el soroche de Fiona empeoraba a pesar de los 17 mates de coca, muña, ruda y cuanta hierba tradicional se nos ocurrió proporcionarle.

Así las cosas, nuestra Valentina convencida de que el origen del malestar era producto de un “mal aire” (mal espíritu); cerro la modesta casa herméticamente, hirvió ruda y comenzó con un raro ritual al que Fiona se sometió en calidad de sonámbula; yo solo alcance a decirle; “no te preocupes, solo te van a exorcizar”. Las hojas de ruda iban y venían de la olla de agua hirviendo en la penumbra de la habitación, iluminada solo por el fogón de leña, pasaban por alrededor de la cabeza de Fiona y se agitaban con la misma cadencia de las, para mi incomprensibles, palabras en Quechua que Valentina gritaba con energía a los cuatro suyos; mientras “Tucu”, el gato de la casa, acurrucado junto al hogar lanzaba una sonrisa incrédula a su dueña con cada acto de la sesión. Tres veces se repitió el ritual, tres veces escupió Fiona sobre el suelo al mal espíritu y tres veces peor salio de la habitación.

La noche fue historia aparte; si bien los cuartos eran cómodos y mi cama estaba equipada con una buena provisión de botellas con agua hirviendo, debajo de las 5 frazadas que me aislaban del frió (gracias Valentina!). había un pequeño problema por solucionar… el baño!, el baño era nuevo, modesto y limpio pero estaba a 15 metros de las habitaciones, al otro lado del patio descubierto. Se imaginan salir para… a media noche, en medio del frió de la puna alto andina, diablos! No se puede!. Claro en ese momento no me imaginaba lo que pasaríamos días después en Challapata, pero eso se los cuento mas adelante.

Un nuevo día, un nuevo sol y una nueva despedida; Realizadas las fots y las entrevistas, dejamos a Valentina, Claudio y Tucu, y partimos en una van con rumbo a Juliaca. El sol agotando sus luces se va del firmamento mientras nosotros ingresamos a Juliaca agotando las energías; nos recibe un buen hotel, una buena habitación, una buena comida y una buena… Comparsa de morenadas, desfiles, bandas de música, borracheras y demás parafernalia popular, instalada precisamente en la puerta del hotel, que servia de caja de resonancia a los bombos, trompetas, platillos, pleitos, gritos y escándalos que no dejaron de sonar (y por ende no dejaron dormir) hasta pasada bien la media noche.

Jueves, ultimo día por el altiplano Peruano; bueno, eso creía yo en ese momento. Desde temprano las entrevistas y las fotos son abundantes a las tejedoras puneñas y al grupo de turistas británicos que las visita aquella mañana, todo sale bien, todo sale en orden. La tarde nos transporta al Aeropuerto y un avión nos pone en Lima esa noche. Hora de dormir, la agenda de mañana esta llena.

Viernes, el mismo viernes al que hago referencia al comenzar esta crónica, En Lima, avanzados a la mitad; el día, las entrevistas y el trabajo grafico, nos enteramos que hay un pequeño gran cambio en el programa; hoy junto con Hilary (UK) y Zenen (Cuba), que vienen de Chile, tenemos que volar a Bolivia. Difícilmente nos quedaron más de 10 minutos para armar equipajes y llegar al aeropuerto luego de terminar las entrevistas del día. Retomando el inicio del relato; los cuatro en el aeropuerto sin boletos ni reservas tratando de llegar a Cochabamba esa misma noche. Algunas coordinaciones con ultramar y otras gestiones de Zenen en el counter nos consiguen cuatro asientos en el último vuelo a La Paz, a donde arribamos muy pasada la media noche.

Ya en El Alto, empiezan las anécdotas; El oficial de migraciones ve mi pasaporte y con mala cara me pregunta – “Cuanto tiempo se piensa quedar?” – yo le dije que unos 15 días, por si acaso y… Zas! Me chanta un sello con un permiso de solo 10 días. No se supone que aun solo viajando con el DNI uno puede permanecer hasta 60 días en cualquier país de la comunidad andina? Alguien debería de decírselo a estos hijos de la gran…burocracia!

Habíamos llegado en el último vuelo de la noche, como a las 3:00 a.m. y claro, terminados los trámites de rigor, el personal del aeropuerto literalmente cerró el “kiosco” y se fue. Nos quedamos solos y en penumbra en las salas del terminal aéreo esperando que llegara alguien de alguna aerolínea para continuar el viaje a Cochabamba. Todo estaba cerrado y obscuro, salvo por una única maquina expendedora de café que permanencia operativa pero… nadie tenia “Bolivianos” para hacerla funcionar, ni había donde cambiar monedas. Hilary en su desesperación por ingerir algo caliente, le introdujo “Soles” que son algo mas gruesos que la moneda altiplanica y como era de suponer, la maquina se atasco quedando inservible. Dos horas después abrió un pequeño restaurante donde pudimos comer algo mientras tratábamos de conseguir pasajes, pero la única línea aérea que volaba ese día a Cochabamba, no disponía de servicio de reservas por Internet y solo vendía boletos en el mostrador, cuando abriera, si abría, una hora antes de la salida del vuelo. Casi, casi, como comprar pasajes en bus en el Terminal informal de Yerbateros en Lima. En la tertulia de espera me entero que Hilary, aparte de su trabajo, es pintora y además ciclista al igual que yo, por lo que entre broma y broma discutimos la posibilidad de comprar cuatro bicicletas para llegar a Cochabamba. Pero a 4,200 metros de altitud, en el aeropuerto comercial mas alto del mundo, el soroche cobra su primera victima en Hilary, que con su cabeza a punto de estallar, al igual que los lapiceros que ya estallaron dentro de su bolso, manchando cuanto documento portaba, alterna todo tramite aeroportuario con un repetido ir y venir a los servicios para realizar su “pago a la pachamama”. Por fin llega personal de la aerolínea pero… no hay cupo, estamos en lista de espera y hay una tremenda cola para conseguir pasajes. La idea de las bicicletas empieza a tomar fuerza.

15 minutos antes de la salida del avión nos dan luz verde desde el mostrador, corremos a chequear los equipajes, pagar los boletos y cruzamos el aeropuerto (no hay mucho que cruzar) a toda velocidad para pasar por la revisión de rigor, pero… otro oficial de migraciones que caminaba por ahí, hijo de la misma madre que el anterior,  nos detiene para revisar los sellos de nuestros pasaportes con toda la calma del mundo, luego de casi arrancharle mi pasaporte llegamos al mostrador de revisión de rayos X, donde literalmente aventamos las cosas sobre la maquina, saltamos los cordones con una pierna, mientras nos quitábamos la prendas con una mano y nos las poníamos con la otra sobre la marcha, llevando los pasajes y pasaportes en la boca. El avión por partir (con nuestros equipajes a bordo) y nosotros corriendo para alcanzarlo pero.. alto! Hilary a perdido su Boarding Pass!!!, Zenen le quita la mochila y entre los dos desparramamos todo el contenido en el piso sin encontrar nada… cuando ya creíamos todo perdido (itinerario, vuelo y equipajes) una providencial azafata nos da el alcance con el extraviado ticket que había encontrado por el camino, reiniciamos la carrera, entramos a la manga que están apunto de retirar y veo el avión por una ventana… solo volteé y grite:

- Zenen!, estas seguro que vamos a volar en esa porquería?, ese avión es mas viejo que yo!
 - shhhhhh. Que no te escuche Fiona!

Contra todo pronostico el vuelo fue tranquilo en el viejo Boeing 727, que parecía haber salido del patio de chatarra de la ya desaparecida LLoyd Boliviana, aunque como no me toco ventana no podría asegurar si el vetusto avión realmente logro despegar o solo hizo todo el recorrido por carretera.

A salvo en Cochabamba y con Hilary en calidad de asorochada sonámbula; sentada en el piso, en medio del hall del aeropuerto, con todo su equipaje desparramado alrededor y los ojos desorbitados mostrando un grueso fajo de dólares a todo el mundo, pues quería cambiar unos cuantos bolivianos para comprar café; conseguimos un Taxi que nos llevo a nuestro hotel, el “Gran Ambassador” Limpio, tranquilo espacioso y cómodo, una suite para cada uno… las cosas parecían mejorar. En realidad tuvimos un par de días tranquilos en Cochabamba, salvo por la convulsión política reinante y los muñecos a tamaño natural, simulando ahorcados, que cada día aparecían colgados en los postes de la ciudad, especialmente frente a la puerta del hotel, con letreros como:

 “Fuera los extranjeros!”

Y bajo los cuales cada tarde Zenen repetía su ritual de servicio de lustrada de calzado en plaza publica, previo al lonche en el café Le París, donde una restablecida Hilary nos decía:

-          Guau! El soroche fue emocionante, sentir la cabeza que te va estallar, jamás pensé que el cerebro podía doler, hasta el roce con la almohada duele, y los vómitos cada 5 minutos, y luego perder la memoria entre el aeropuerto y el hotel…  Fue excitante!

Como les decía, a pesar de haber pasado mas de 36 horas sin dormir, tuvimos un par de días tranquilos, demasiado tranquilos; no pudimos ir a los museos, ni subir al funicular, ni visitar galerías, ni nada!, en Cochabamba todos los lugares turísticos están cerrados los sábados y domingos, solo atienden de lunes a viernes en horario de oficina. Nos tuvimos que conformar con una agradable y dominguera velada musical en el teatro Acha.

Lunes y martes bastante ajetreados en una fabrica de productos de vidrio reciclado, en especial para mi, que se me hacia muy difícil lograr buenos retratos de personas sonriendo y mirando a la cámara mientras trabajaban (detesto los retratos posados) sobre todo si hay que hacerlos en muy malas condiciones de luz, y el trabajo del retratado no permite interrupción alguna, ni para sonreír, pues se enfría el vidrio. Ni hablar del calor junto al horno que mantiene en su interior 1,200° C y al que le debo la perdida de media ceja izquierda y la semifusion de la tapa de baterías de mi cámara. Luego, en la cena, Hilary afirmaría que ahora yo tenía un ojo más obscuro que el otro.

Hablando de ella; al día siguiente le tocaba retornar a Lima mientras nosotros nos adentraríamos en el altiplano boliviano, así que le dimos toda clase de consejos para que pudiera, sin hablar una palabra de español, lidiar con los tramites aeroportuarios tanto en Cochabamba como en El Alto; le explicamos sobre el cheking en el counter, el equipaje, el impuesto del aeropuerto… el impuesto del aeropuerto!!!, diablos!, recién ahora nos percatamos que con tanta correría  en La Paz, nos olvidamos de pagar los impuestos aeroportuarios y nos subimos al avión así nomás… bueno, que se lo cobren al tarado de migraciones que nos hizo perder tiempo.

Al día siguiente, miércoles, si… miércoles! No había un solo lugar en Cochabamba que quisieran aceptar travel checks y las tarjetas de crédito tampoco eran muy bien recibidas, como sea Fiona consiguió alquilar una 4x4 para nuestro viaje y Marcelo (dueño de la fábrica de vidrio) se ofreció como chofer y guía. Un almuerzo previo a la partida mientras comentábamos sobre lo relajada que debía estar Hilary ya en Lima cuando un mensaje de texto entro al celular de Fiona; era de Hilary:

“Fue horrible!, casi pierdo mi conexión en El Alto y el avión que me llevo a Lima tuvo serios desperfectos durante el vuelo, casi nos estrellamos… una pesadilla!”

Bueno, al menos ya esta en Lima y a salvo pero… Unas horas después entro otro mensaje de ella:

“Estaba paseando por la Av. Larco, en Miraflores, y una loca me ataco a golpes, tuvo que intervenir la policía” - Ya no hicimos comentarios.

La camioneta marcha bien y tras pasar algunos puntos altos que afectaron un poco a Zenen y Fiona, arribamos a Oruro ya entrada la noche. Nos alojamos en un antiguo pero decente hotel del centro, el “Gran Hotel Sucre”; Fiona bastante pálida, demacrada, cabizbaja y con su cabello gris desarreglado, recibió sus llaves y se fue en silencio a su habitación, en el ala mas antigua del hotel, Zenen al no verla; preocupado pregunto en voz alta; - “y Fiona? Donde esta?” -  A lo que la encargada del counter le responde de la manera mas natural; - “No se preocupe señor, le hemos dado la mejor habitación a su mama” -….Marcelo y yo nos retorcíamos de la risa en el piso, la encargada, roja como un tomate, no sabia como disculparse, mientras Zenen trataba por todos los medios que le jurásemos que jamás, suceda lo que suceda, jamás íbamos a decirle a nadie lo que había pasado. Bueno, yo le prometí no “decir” nada, pero “escribirlo” es diferente no?. 

Al día siguiente Fiona nos contó que su habitación, antigua, lúgubre y decorada con cortinas negras, quedaba en un obscuro corredor que le hacia recordar a la película “El resplandor”, durante el resto del viaje menciono el hotel varias veces y en cada una de ellas Marcelo y yo hacíamos esfuerzos por contener la risa, mientras Zenen nos miraba con cara de “por favor no vayan a decir nada”.

Tras adentrarnos en el altiplano, rumbo sur por la margen del lago Poopo, llegamos a Challapata a media mañana para realizar entrevistas en una flamante procesadora de quinua. Si hay un punto de quiebre en este viaje, ese fue Challapata sin duda alguna. El trabajo iba bien hasta que se nos ocurrió buscar un hotel; la corriente de opinión popular nos señalaba al “Residencial Virgen del Carmen” como el mejor de la comarca; no se si habría otro, pero si este era el mejor… Un estrecho callejoncito entre dos tiendas nos lleva al patio interior de esta caricatura de tres pisos que bien podría haber salido de un capitulo de “La vecindad del Chavo”, en la ventana de la recepción y en cada muro de la posada un muy visible cartel reza así:

No hay tomacorrientes, no hay televisor, no hay servicio de desayuno, no insista!

Además de otro:

El servicio de ducha cuesta 5 bolivianos, solo de 7 a 10 a.m. y máximo 10 minutos.

Mi habitación es tan estrecha que estoy seguro que la cama la tuvieron que fabricar primero y luego construir el cuarto alrededor, y lo peor:  existen solo dos semi baños para las más de 20 habitaciones; uno tiene puerta completa, el otro solo media puerta y ninguno tiene luz. Ah! y por supuesto el inodoro funciona con “jarrito” el que hay que rellenar de agua en un cilindro a medio patio. Ni modo! Ya estamos aquí! No se puede poner peor… o si?

Ya en la tarde, luego de trabajar todo el día (nadie quería regresar al hotel temprano), me quede conversando con Marcelo en la camioneta, hablamos del baño común, de los limites de la resistencia corporal al llamado de la naturaleza y también de lo ancha, ajena, privada y mas limpia que se veía la gran llanura altiplanica que nos rodeaba… Luego fuimos a cenar, pero nos agarro un apagón, así que el único restaurante que aun atendía a la luz del Kerosene solo podía ofrecernos Charquikan, ni modo… Charkikan para todos, gaseosa para tres y café para Zenen.

-          mi café tiene nata
-          no puede ser, el café no tiene nata, la leche si tiene nata
-          digo que mi café tiene nata
-          Zenen, el café no puede tener nata

Regresa la luz y efectivamente el café de Zenen tenía nata, y mi queso nadaba en Coca-cola o algo similar.

Otra vez en la acera del hotel pensando en algún lugar seguro donde guardar la camioneta, en ese momento sobraban voluntarios para pernoctar en el vehiculo, solo para cuidarla, todos estábamos dispuestos a “sacrificarnos” y pasar la noche en la vía publica en vez de nuestras habitaciones, pero… justo llego uno de los empleados de la planta de quinua y nos ofreció la fabrica como cochera segura, diablos! Habrá que dormir en el hotel!.

-          Mejor vamos a dar una vuelta primero por el pueblo, solo para agarrar sueño
-          Ok

Curiosamente encontramos una feria con juegos mecánicos en la plaza principal y nos dieron las diez de la noche jugando en los carritos chocones. Pero como no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague; hora de ir al hotel!. Ah! si faltaba mencionar que a las 10:00 p.m. cerraban el hotel con llave con todo el mundo adentro y no habrían la puerta hasta el día siguiente.

Asomados por la baranda interior del tercer piso del hotel, nos quedamos conversando hasta la media noche, algo incómodos, pues eso de tener que presenciar a Fiona y luego a Zenen entrar en el baño común a vista de todas las ventanas de las habitaciones, linterna en mano y luego ver (y contar) cuantos “jarritos” de agua eran necesarios en cada faena, resultaba ciertamente humillante. Afortunadamente ni Marcelo ni yo tuvimos que pasar esa vergüenza, pues mas precavidos, habíamos solucionado nuestros problemas corporales en forma muy discreta aquella tarde, cuando meditábamos sobre la amplitud y soledad de la pampa altiplanica.

Vestido y solo recostado sobre la cama, para no molestar a los posibles habitantes invertebrados de la misma, me quede dormido cerca de la 1:00 a.m. Pero… a las 3:00 un gran revuelo se armo en el hotel; alguien pateaba la puerta de ingreso y vociferaba que lo dejaran entrar, los gritos eran respondidos desde dentro, puertas se abrían y se azotaban, alguien llamaba a la policía, gente subía y bajaba las escaleras, mas gritos, algunos empujones seguidos de insultos que se repitieron hasta cerca de las 4:00 a.m. Luego nos enteramos del origen del alboroto; una pareja se había alojado en la tarde, luego salieron a emborracharse juntos pero la mujer regreso temprano con distinta compañía. Cuando regreso el marchante original, a las tres de la madrugada; al encontrar su cama y mujer ocupados, mas que reclamar por sus reivindicaciones maritales exigía su derecho a pasar la noche bajo techo, pues el había pagado por la cama y no su eventual relevo. Finalmente los echaron a los tres.

Ahora si se podrá dormir, aunque sea un par de horas…

-          Oruro!!!, Oruro!!! Sale para Oruro!
-           Beep, Beep. Beep, Oruro!!!

Maldición!, a las 4:00 a.m. en punto la fachada del hotel se convirtió en el Terminal terrestre de ómnibus con destino a Oruro, y no se les ocurría mejor forma de llamar a los pasajeros que a punta de gritos y claxon.

A las 5:00 a.m., sin haber podido dormir, sin haber podido recargar las baterías de los equipos ni los celulares, sin efectivo y sin combustible; abandonamos el hotel y nos pusimos en marcha hacia la región de Uyuni. Es curioso que  no fue hasta que se me ocurrió mencionar la leyenda de Butch Cassidy y Sundance kid, famosos pistoleros que murieron en la región hace exactamente 100 años, que los demás comenzaron a sacar recortes y publicaciones sobre el tema, Lamentablemente por cuestiones de agenda no pudimos llegar hasta San Vicente, al sur del salar, para visitar el lugar donde ocurrieron los hechos.

Recorriendo la inmensidad del altiplano a través de huellas marcadas en la arena en las interminables llanuras de Ichu, pobladas de camélidos salvajes y solo salpicado por pequeños y muy distanciados poblados, nos aproximamos al salar de Uyuni por el lado norte, una primera parada en “Las Salinas“ para el  desayuno y luego continuamos  escoltados por otra camioneta de las comunidades campesinas hasta las faldas del volcán Tunupa, imponente guardián del salar de Uyuni; el lago salado mas grande del mundo, donde realizamos nuestro trabajo con los productores de quinua.

Al medio día, y luego de atravesar por el lado norte la infinita y marmórea plataforma blanca del salar; llegamos a LLica, otro poblado donde se cultiva quinua a escasos kilómetros de la  cordillera occidental que sirve de frontera con Chile.

En la tarde al emprender el regreso, paramos unos minutos en  medio del salar, corría un fuerte viento que levantaba la irritante sal en polvo que se introducía en los ojos y equipo fotográfico. Mal momento para tomar fotos, supongo que a la luz de la luna el salar debe ser impresionante, algún día…

El regreso en medio de la noche por esos accidentados caminos es bastante agitado, al caer el sol nos encontramos al borde de un ancestral cráter, probablemente producido por algún meteorito. La camioneta esta muy maltratada; le suena todo menos el claxon, la ventana posterior izquierda se rehúsa a funcionar y ya no se sabe de que color es. Nos aproximamos nuevamente a Challapata donde nos espera una recepción con suculentos platos a base de quinua, mucha cerveza y… el hotel!, No! Ese hotel otra vez… No!!!,. Marcelo que ya lleva unas 15 horas al volante, después de una mala noche, no hace ningún comentario; solo intercambia unas miradas con nosotros, presiona el acelerador y no se detiene hasta Oruro.

Otra vez en el viejo hotel de Oruro; que cómodo se ve, y que bueno tener baño propio; aunque Fiona sigue insistiendo en que el decorador debió ser algún descendiente de Jack el destripador.

Al día siguiente, 4 de Octubre, llegamos nuevamente a Cochabamba, a nuestras acogedoras suites con… dos baños para cada uno! Después de Challapata, esto es el paraíso! Aunque tuvimos algunos problemas para devolver la camioneta; nadie la quería lavar, pues estaba muy sucia, pero si hubiese estado limpia para que la llevaríamos a lavar, no?. La agencia que nos la alquilo estaba cerrada; claro, sábado nadie trabaja en Cochabamba. Pero en fin, finalmente encontramos solución a todo, solo faltaba un detalle: Un presente para Marcelo que nos había acompañado “de oficio” durante la travesía.

Como Fiona era la única que llevaba real y genuina sangre escocesa en sus venas, fue la comisionada para escoger la botella de whisky para Marcelo; cual no seria nuestra sorpresa cuando se apareció con un whisky de dudosa procedencia:

- Es que este trae un vaso de vidrio de regalo, y como Marcelo tiene una fabrica de vidrio reciclado…

Al día siguiente, domingo 5, teníamos que retornar a Lima; pero como era de esperarse el viejo 727 que nos llevaría a La Paz; se retrazo y  arribamos justo para ver como despegaba nuestra conexión a Lima. Fiona se aferra al celular tratando de conseguir vía UK reservas para el próximo vuelo y… nos las consiguen!, pero la poco amable y muy escatocefalica señorita del counter se niega a vendernos los pasajes pues según ella no hay cupo hasta el jueves y literalmente le da flojera revisar nuestras reservas. Nos informan de otra alternativa; tomar el próximo vuelo a Santiago y de ahí llegar a Lima vía conexión, sin confirmar, en Buenos Aires…uhmm a Fiona no le sirve de mucho ese plan, pues ella y Hilary tienen separado y pagado (con su plata) todo un paquete de tres días a Machu Picchu y tiene que estar el domingo en la tarde en Lima o a mas tardar el lunes temprano en Cuzco. A mi tampoco me cuadra mucho la idea, esa conexión vía Bs. As. me suena a una gran posibilidad de terminar recibiendo las Navidades en Nueva Zelanda esperando una conexión a Lima vía Moscú. Por el contrario Zenen no lo pensó mucho y abordo el vuelo a Santiago (no llego a Lima hasta el día 14).

Eran ya pasadas las 11:00 y cuando Fiona ya estaba a punto de romperle los dientes a la mujer del counter, se me ocurrió hacerle una propuesta; yo me encargaba de que ella llegara a Cuzco a tiempo para su tour y luego ella me conseguía un vuelo a Lima; acepto y…

-          Taxi!
-          Si señor, adonde los llevo?
-          A la frontera.

Poco mas de una hora después nos bajábamos del taxi en el lado Boliviano de Desaguadero, a orillas del lago Titicaca, chequeamos los pasaportes en la obscura, lúgubre y grasienta oficina de migraciones Boliviana, cruzamos el puente caminando sobre el maloliente río, volvimos a chequear los pasaportes en la igualmente lúgubre, grasienta y obscura (pero de otro color!) oficina de migraciones Peruana y…
-          Taxi!
-          A donde van?
-          A Puno

A poco mas de las 2:30 p.m. y luego de bordear casi toda la rivera occidental del lago Titicaca (Juli es muy pintoresco, lastima que no hubo tiempo para fotos) llegamos a Puno. Aquí se acabo el tramo “Bussines Class” del viaje, pues no conseguimos Taxi a Cuzco y los únicos Ómnibus decentes partían en la noche y además ya no había cupos. Un almuerzo en el Terminal terrestre para engañar a las tripas y difundir la “cultura”, Si, difundir la cultura!: En el menú “Bilingüe” del restaurante alguien había inmortalizado su nombre al traducir al Ingles “Sudado de trucha” como “Sweater of Trout” y ahora hay una foto del famoso menú (tomada por Fiona) distribuyéndose por toda Europa.

Bueno, había que conseguir transporte si o si; así que… a las 4:00 p.m. partimos a bordo de un ruidoso, atestado, incomodo y mal oliente bus – camión, sin baño, que literalmente apestaba a una mezcla de corral con leche avinagrada, pero que mal que bien nos dejo en la ciudad imperial a las 12 de la noche en punto.

Durante el trayecto, y cuando el arribo a Cuzco ya se veía mas como una realidad, Fiona se había estado comunicando con Lima para que le cancelen su vuelo Lima - Cuzco y le hagan una reservación para una boche extra en el hotel. Como era de suponerse; al llegar a Cuzco resulto que le habían cancelado sus reservas en el hotel y… no se que hicieron con el vuelo!. De cualquier forma conseguimos buenas habitaciones para pasar la noche y al día siguiente ella y sus  misteriosos contactos en ultramar, me consiguieron, sin mayor problema, un boleto a Lima en los ya copados vuelos de un aeropuerto cerrado por una visita presidencial.

Aun faltaban un par de horas para que despegue mi avión, así que fuimos a dar una vuelta por la ciudad, lo primero que me señalaba Fiona con entusiasmo en cada tienda por la que pasábamos era…

-Mira! aquí si aceptan Visa y … travel checks!

Ni modo, ocho días en Bolivia desubican a cualquiera. Dimos una vuelta por la plaza de armas y ella me señala el letrero de un restaurante; “Trotamundos” me pidió que le traduzca esa palabra al ingles, así lo hice, y me dijo; - “Creo que calificamos”. Fiona había encontrado un buen lugar donde tomar un café y yo; un titulo para esta crónica. Tomamos algo en el balcón con vista a la plaza, conversamos y me despedí para abordar mi vuelo mientras ella esperaba el arribo de Hilary para tomar su tour.

Tres días después, en Lima,  me contaría que 15 minutos después del arribo (y registro en el hotel) de Hilary, se enteraron de la huelga de la CGTP y el inminente bloqueo de las vías del tren a Machu Pichu, por lo que inmediatamente tomaron un Taxi a Ollantaytambo. Hilary solo conoció de Cuzco el balcón del “Trotamundos” visto a la volada, desde dentro del taxi. En Ollantaytambo en medio de una fuerte lluvia abordaron el tren a Aguas Calientes, donde se alojaron en un hotel que competía en aromas con el bus de Puno. Al día siguiente subieron a Machu Pichu en medio de una tormenta, al regresar encontraron que la habitación de Hilary, por haber dejado las ventanas abiertas, se había convertido en refugio para la lluvia de cuanta alimaña e insecto había en la región, por lo que ella paso la mitad de la noche matando insectos y la otra mitad sellando con Maskin´ Tape toda rendija de su cuarto. En el tren de regreso totalmente atestado, a Fiona le toco compartir vagón con un Chileno loco que usaba un casco tipo “Safari” y que, según ella, era “Demasiado” amigable; mientras que a Hilary le toco un carro lleno de Japoneses con los que no podía intercambiar palabra alguna. Ya en Cuzco el Taxi que las llevo al aeropuerto patino en la lluvia y fueron a dar dentro de una cuneta, para luego enterarse que su vuelo había sido cancelado y pasar el resto de la tarde consiguiendo cupo en otra aerolínea.

El 9 de Octubre Hilary dejo estas tierras para retornar a UK, mientras que Fiona y yo pasamos dos días entrevistando artesanos en los conos de Lima, para luego partir el 11 a Piura donde pasamos otros tres días haciendo lo propio en Chulucanas: podría decir que fueron días tranquilos salvo por…

Cuando entrevistábamos a los trabajadores de una cantera de arcilla , en medio de la sesión fotográfica, a uno de ellos le dio un ataque de epilepsia. El día catorce estuvo nublado y lloviendo todo el día (pésimo para las fotos), Si, llovió en Chulucanas a mediados de Octubre!. Alguien le dijo una vez a Fiona que no es que ella viajara a lugares con mal clima, sino que el mal clima viajaba con ella; en lo particular a mí no me sorprendería que el próximo huracán en el caribe lleve su nombre.

Antes de retornar a Lima fuimos con Luís, nuestro guía y anfitrión, a conocer Catacaos y Narihuala. Especialmente Luis muy excitado quería mostrarle a Fiona un autentico perro peruano sin pelo, y lo encontramos ahí, en la huaca de Narihuala, en el museo de sitio, pero… amarrado a una soga, convulsionando y  botando espuma por la boca!. Le habían dado bocado y estaba en sus últimos estertores. Según Fiona se parece al “Grim” de la película “Harry Poter y el prisionero de Ascaban”… puede que tenga razón.

Fiona recibió su cumpleaños en el bus a Lima, (no, no voy a mencionar números), y a la mañana siguiente partió para UK. Aun mantengo contacto con ella, ya se retiró y ahora se dedica a pubilcar sus poemas con bastante éxito, de hecho hay uno titulado “la casa de lima” en uno de cuyos versos menciona” The donkey belly gray sky”.  pero en ningún momento me ha mencionado nada acerca de regresar al Perú.

Durante el viaje hubieron muchas otras anécdotas, como la de las Vacas radioactivas, el restaurante griego con el moso israelí que decía ser marroqui, el Pollo hervido que le sirvieron a fiona en el hotel, cuando pidió un poco de agua hirviendo, La pileta de los novios en cochabamba, etc., etc.… pero esta crónica ya esta demasiado larga y… quien sabe, tal vez algún día publique el relato completo de esta aventura.










No hay comentarios.: