miércoles, febrero 01, 2012

Cementerio Británico; la historia en paginas de mármol


Enero 31 de 2012


Hubo un tiempo en que el imperio británico regía la mitad del mundo, era el siglo XIX y sus navíos y súbditos mortales surcaban la totalidad de los mares conocidos, algunos volvían a casa luego de toda una vida en las colonias, otros dejaban sus restos, apellido y simientes en ultramar. El puerto del Callao, parada obligada de todo viajero en los mares del sur, no les fue ajeno a los súbditos de su majestad para echar raíces y osarios; ya para 1834, entre otras cosas, se hizo necesario un camposanto propio para la creciente Colonia Inglesa del primer puerto peruano.

El antiguo Cementerio Británico de Bellavista, hoy oculto y algo sofocado entre la envolvente urbe chalaca, pero muy bien conservado; guarda entre sus murallas almenadas una rica colección de historia y política universal que escrita en páginas de mármol y sobre un gran escritorio de césped, bien valen varios tomos de la mejor enciclopedia.
Basta con echarle una mirada al prólogo; me refiero a la primera sepultura que se llevó a cabo en el lugar y cuya lápida puede traducirse así:

“Consagrada a la memoria del Teniente William Russell Drummond, del Barco de su majestad británica Satellite, hijo menor del general sir Gordon Drummond GCB, quien partió de esta vida en El Callao el 31 de Enero de 1835, a los 23 años de edad.
La prematura muerte de este galante y amable joven oficial fue ocasionada por la herida de un disparo de mosquete en su pierna que hizo necesaria la inmediata amputación el 1° de Enero de 1835 mientras se encontraba de servicio.
Este monumento ha sido erigido por sus afligidos padres como un memorial de su amor por su respetuoso y afectuoso hijo”.


El tema quedaría allí si no fuera porque Sir Gordon Drummond, padre del difunto, fue todo un personaje de la historia; pues entre otras cosas fue el primer oficial canadiense en comandar el gobierno civil y militar de Canadá. Fue teniente gobernador del alto Canadá, se distinguió en el frente del Niágara en la guerra de 1812 contra los Estados Unidos y finalmente se convirtió en Gobernador General y Administrador del Canadá en 1815. En 1816 se trasladó a Inglaterra donde fue nombrado caballero.

Afortunadamente para nosotros, los visitantes de hoy en día, existía en la época en que se inauguró el camposanto la costumbre de narrar, en letra de molde y a fuerza de cincel, brevemente en las lápidas las circunstancias del fallecimiento, en cierta forma es una manera de trasladar al eterno mármol las cicatrices de la efímera carne. Es así que nos enteramos por ejemplo que William Skeoch, Ingeniero en jefe del R.M.S Oroya murió en 1874 al caer por la borda sobre el dique flotante del Callao, su historia descansa junto a otro buen número de relatos y lápidas de oficiales y marineros de la Pacific Steam Navigation Company que ocupan buena parte del listado de residentes del camposanto.

También, entre lápidas en forma de cruces celtas, una placa de mármol negro nos dice que Samuel Mac Mahon fue el primer maquinista del Monitor Huáscar y más allá un catafalco de granito revela que el Reverendo Francis John Biddulph murió de fiebre amarilla mientras atendía a los enfermos durante la peste que asoló Lima en 1856. Peste que, según podemos leer en las lápidas vecinas, volvió con más fuerza en 1868 y 1883 tomando de los extramuros del cementerio a familias enteras para depositarlos aquí dentro a perpetuidad.

Pero este terreno consagrado no era para uso exclusivo de la Colonia Británica, aquí reposan los restos de muchos otros inmigrantes de diversas nacionalidades y navegantes de paso, que el océano se empecinó en varar en estas costas. A este respecto hay una tumba muy interesante para quien le atraiga la historia naval; transferidos en 1925 desde uno de los cementerios de la Isla San Lorenzo reposan aquí, en su ultima comisión y en una misma tumba, los restos mortales de marinos de cinco navíos americanos distintos, según reza la lápida:

USS Fredonia
Martin Herman, seaman, Sept 24, 1865
Frederick Jager, seaman, Sept 24, 1865
August Binder, coxswain, Mch 14, 1868

USS Hartford
Patrick Leahy, seaman, Jan 29, 1883
John Mc Leod, landsman, Feb 2, 1883

USS Iroquois
John Lutz, bugler, Jan 27, 1883

USS Pensacola
Michael Eiffe, capt of forecastle, May 28, 1883

USS OnwardHenry Clark, apothecary, Jun 7, 1883
Lo irónico de la historia de esta lápida radica en que, en un intento por huir de la fiebre amarilla y la negra parca, que asolaron Lima y El Callao en 1868, y con el fin de proteger a su tripulación; el USS Fredonia, luego de sepultar a August Binder, levó anclas y fue remolcado mil millas más al sur, a Arica, donde lejos de estar a salvo, un tsunami producido por el terremoto del 13 de agosto lo destruyó, matando a los 27 tripulantes que se encontraban a bordo. Para quien le guste investigar verá que la historia de los otros navíos no es menos interesante y que una fecha y un difunto son sólo el título de un libro de varios tomos con empaste de mármol.

También hay otros residentes de este cementerio que no necesitan de introducción para reconocer su historia; como por ejemplo la tumba del Mariscal Miller que combatió activamente en la campaña de la independencia del Perú. Y si dejamos lo histórico por lo artístico, pues la musa de las artes también está presente en todas y cada una de las sepulturas…
Texto y Fotos © Carlos Garcia Granthon









Texto y Fotos: © Carlos García Granthon

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