viernes, enero 25, 2013

Pizarro; Tras los Bronces de 1935


Son las 15:50 horas de un caluroso 17 de enero, vísperas del 478° aniversario de la fundación de la ciudad de los reyes. Estoy en la ventanilla de la mesa de partes de la Municipalidad Metropolitana de Lima, de espaldas a David Pino, cómplice de esta peculiar conspiración y frente a una cansada  empleada edil que sólo espera que transcurran los 10 minutos que faltan para literalmente cerrar el quiosco y dejar atrás las ocho horas ininterrumpidas de quejas y lloriqueos vecinales que las personas vienen a depositar diariamente en su cubil de ventanilla única con vista al descontento urbano.

Digna musa de la apatía humana, la señorita en cuestión me recibe la carta mecánicamente y procede a leerla con el mismo desinterés que leyó los 200 oficios  precedentes del día, hasta que… 

-          Que Ud. quiere comprar… queeeeé?
-         El monumento a Francisco Pizarro
-        Perdon, como dice?
-        este...la estatua de Francisco Pizarro...
-         El qué?...Más fuerte que no le escucho
-         Ajo!, el monumento a Francisco Pizarro!
-          Ah, El monumento a… queeeeeé? Si, tu? ándale!,  y donde está la oferta?
    No pues Srta. es sólo una carta de intención… o ya le pusieron precio? mejor le explico:



Esta historia en realidad comienza varios años atrás cuando, con ocasión de un aniversario de la ciudad, el diario El Comercio convocó a un concurso llamado “escríbele una carta a Francisco Pizarro” en el cual participé a contracorriente, pues en vez de vituperar al fundador de Lima, como es de uso y costumbre entre los capitalinos, y fue casi la estrategia de norma entre los concursantes, mi carta (que pueden leer aquí) era más una protesta por el entonces reciente y trasnochado destierro de su monumento a los extramuros de la ciudad que el mismo fundo. Obviamente no gane el concurso, pero esa es otra historia… El punto es que hasta hace pocos días seguía sosteniendo mi punto de vista en solitario silencio hasta que me vi involuntariamente involucrado en un foro de una red social donde se discutía el tema, y donde alguien hacía apología de aquel injusto y arbitrario desalojo de aquellos bronces donados a la ciudad en 1935.  La discusión se encendió y recuerdo haber afirmado que sería paradójico que quien esgrimiendo la verborrea de los viejos resentimientos y queriendo hacer chatarra del bronce caído, haya por el contrario puesto en marcha por el principio de acción y reacción, una iniciativa para rescatar la escultura y buscarle un lugar más digno que el que actualmente ocupa. Otrora imponente obra de arte y altivo fundador oteando por sobre su casa y plaza fuerte, hoy humillado a la sombra de una escalera cual mediocre espanto en la escenografía de un parque infantil.  

Entablé contacto con algunos defensores de la escultura, pero aún faltaba una idea que de alguna manera pudiera poner nuevamente el tema sobre el viejo tapete edil y la escultura sobre su desmontado pedestal. Las reacciones de los detractores se hicieron corrosivas y Aldo; un amigo en otros temas pero firme adversario en cuestiones de fundación y conquista termina por increparme:

-          Si tanto te gusta el monumento por qué no lo compras y lo pones frente a tu casa?
-          Claro!... Eso es!... Gracias!

Fue así como nació la idea de presentar a la municipalidad de Lima una carta de intención de compra del monumento a Francisco Pizarro  y cuyo tenor transcribo a continuación: 

Lima, 15 de enero de 2013 

Señora
Susana Villarán de la Puente
Alcaldesa de la Municipalidad Metropolitana de Lima
Presente 

De nuestra mayor consideración: 

Primeramente reciba Ud. el más cordial de nuestros saludos, y los mejores deseos de éxito para su gestión.  Nosotros, los abajo firmantes, residentes de esta ciudad y preocupados por su patrimonio histórico y porque nuevamente la ciudad de Lima celebra otro aniversario más en ausencia y de espaldas al monumento de su fundador, Francisco Pizarro, el cual se encuentra desde hace ya varios años literalmente exiliado a los extramuros de la ciudad, despojado de su pedestal y placas de bronce laterales que completaban el conjunto escultórico y arrinconado a la sombra de una rampa más allá de los restos del tajamar de San Francisco. 

Como entendemos que la escultura es considerada, erróneamente o no, por algunos como un elemento vergonzante y vejatorio y que fue el propio Municipio de Lima, en anterior gestión, quien la trasladó primeramente a un depósito de materiales y luego, a nuestro parecer, al poco digno lugar en que se encuentra; nos permitimos hacerle llegar mediante la presente, una propuesta de compra de la misma en términos a discutir, con el único fin de que bajo iniciativa y gestión privada sea expuesta en emplazamiento y forma más apropiada, si bien no como un tributo al conquistador que la inspiró, al menos como reconocimiento al artista que la forjó y a la memoria de la ciudad que le debe su piedra primera. 

En espera de pronta respuesta nos reiteramos. 

Atte. 

Carlos García Granthon
David Pino Bazalar
Ana Chía de Brou

Notarán que hay sólo tres firmas: la mía, la de David que se adhirió a la causa desde el primer momento y la de Ana que lleva los pantalones bien puestos cuando de reivindicaciones justas se trata. Si pues, lamentablemente entre los defensores de la escultura ecuestre de Francisco Pizarro, obra de Charles Rumsey, no son muchos los que se atreven a respaldar solidariamente con los cojones, los cheques que tan libremente giran a diario con la lengua.  

Como ya se habrá adivinado, no es la intención de esta iniciativa comprar realmente la obra ecuestre, sino poner nuevamente el tema a debate, ahora que si bien se diera la venta, estoy seguro que más de una institución privada estaría feliz de exponer como se debe tamaña escultura de imponente factura y gran peso histórico, cuando no político, en algún espacio apropiado para su exhibición 

Texto: Carlos García Granthon

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