miércoles, enero 15, 2014

Autopsia a una Herejía


El culto a Sebastiana Ureta de Berrio
“La Bruja Blanca”
 en el Cementerio Presbítero Matías Maestro




Introducción:

La verdadera historia de “La Bruja Blanca”, sobrenombre que se le ha atribuido a Sebastiana Ureta de Berrio y el culto, ligado a la santería y al ocultismo, del que viene siendo protagonista en su tumba en el Cementerio Presbítero Matías Maestro, es de lo que hablaremos en los sucesivos párrafos, tratando de hacer una “autopsia” documentada de los hechos de su vida, causa de su muerte y origen del mito.


Antes de entrar al desarrollo del caso, hagamos primero la salvedad de que si este tipo de rituales y creencias para-religiosas son, o no son, revelaciones, verdades, superstición, folklore, herejías o paganismo; o si realmente el espíritu de Sebastiana realiza milagros, amarres, cura enfermos, o deshace las malas artes con buenas oraciones;  no es tema que vayamos a discutir, ni siquiera a calificar, pues afortunadamente la extirpación de idolatrías, y los crímenes de lesa cultura que se cometieron en su nombre, ya hace tiempo que quedaron atrás.

Lo cierto es que el culto popular a Sebastiana existe, y es un tipo de expresión vernacular de fe muy propia de estas tierras y forma parte del patrimonio cultural inmaterial de los pueblos, que debe ser registrado, documentado y estudiado. La fe en “la Bruja Blanca” es tan válida y verdadera para sus seguidores como la mejor y más estructurada de las religiones.  Después de todo, quién puede decir que un dogma es mejor que otro?  Bueno, sí, es cierto; desde que las religiones existen, cada vez que alguien con derecho a tribuna afirma que su fe cotiza mejor en el mercado de las desesperanzas, y el tumulto lo sigue, el asunto termina en guerra o genocidio.   

Pero retomando el caso: quién fue realmente Sebastiana Ureta de Berrio? Fue realmente una gitana que practicaba la hechicería, y murió combatiendo al demonio durante un exorcismo, como afirman fehacientemente sus seguidores?... fue su esposo quien mandó poner una “lechuza” de mármol sobre su tumba, pues solía decir que su esposa era una “bruja buena”? uhmm…

La historia y sus registros en orden cronológico:

El primer rastro documentado que encontramos de Sebastiana Ureta, es la ficha de una partida de bautizo de, al parecer su primera hija con un primer compromiso sentimental, Don Catalino Conversión. La partida está fechada 23 de Febrero de 1891[1] y da cuenta del bautizo de Filomena Conversión Ureta, hija de ambos (no hay más información sobre el desenlace de esta unión).

Dos años después encontramos la partida de nacimiento N° 386[2] de Juan Berrio Ureta, nacido el 21 de Agosto de 1893, hijo de Sebastiana Ureta y Pedro Berrio, al parecer el primer hijo de esta nueva pareja (su segundo compromiso).

También  encontramos partida de nacimiento N° 117[3] de Alejandro Berrio Ureta, nacido el 11 de Enero de 1895, segundo hijo de la pareja Berrio-Ureta.

Así mismo; el 24 de Agosto de 1896 nace Auria Sebastiana Berrio Ureta y es asentada en el registro civil de Lima, según partida N° 95[4].

Lo interesante comienza el 10 de Julio de 1898, nueve días antes de su muerte, con el nacimiento de Amalia Andrea Berrio Ureta, cuarta y última hija de la pareja, pues 6 días después, el 16 de Julio es que recién, Sebastiana Ureta y Pedro Berrio, contraen matrimonio religioso en la Iglesia de San Sebastián[5], en Lima. El día 18 asientan el nacimiento de Amalia en el registro civil, según partida N° 267[6] y tres días después, el 19 de Julio de 1898, la bautizan tambien en la Iglesia de San Sebastián[7], el mismo día que fallece Sebastiana, según da fe la inscripción en su lápida y la partida de defunción N°9[8] del libro N°64 (Se consigna Fiebre Puerperal como causa de la muerte) y es sepultada al día siguiente en el nicho Común B 162 del cuartel San Felipe del Cementerio Presbítero Matías Maestro[9]  . Su esposo le sobrevive, muere el 1° de Diciembre de 1930 y está sepultado junto a ella, en su actual tumba, hecho que la mayoría desconoce.

De la lectura y análisis de las partidas de nacimiento, matrimonio y demás documentos, se pueden extraer algunos otros datos; como que Sebastiana nació en 1866 en Acos, según su partida de matrimonio y defunción, o  en Huacho o Chancay según declara alguna otra partida. Vivió, y murió también, en la novena o décima cuadra del jirón Huancavelica (antes Nueva) N° 312, bajos, interior, distrito primero, barrio de Monserrate, en Lima, casa de vecindad en la que también habitaban algunos de los testigos de las partidas, como Domingo Gusmán, de profesión zapatero. Fue hija de Mauricio Ureta y Marcelina Aldana, mientras que su esposo Pedro Berrio, de profesión pintor, nació en 1869 en Lima, hijo de Marcos Berrio, también pintor, y Andrea Solórzano.  

Las conjeturas:

Si nos concentramos en los acontecimientos de los últimos días de Sebastiana Ureta, y teniendo en cuenta lo peligroso que en esa época resultaba tener algún tipo de enfermedad o dolencia, pues la falta de tecnología, conocimientos y medicinas de los doctores de aquel entonces, eran casi tan mortales como la falta de escrúpulos de los de hoy en día; por las fechas de los acontecimientos podríamos conjeturar que; el 10 de Julio, el parto de su última hija, Amalia, fue difícil, con alguna complicación insalvable para la medicina decimonónica. Como lo confirma el diagnostico de fiebre puerperal. Entonces, sabiendo que su salud era precaria o, quien sabe, ya desahuciada; Sebastiana Ureta le pide a Pedro Berrio, su pareja y padre de sus últimos 4 hijos, arreglar sus asuntos pendientes; se casan por la iglesia el 16 de Julio, inscribe a su hija Amalia el 18 y la bautiza el día 19. Ese mismo día, ella, Sebastiana Ureta, con sus asuntos en orden, fallece.

Sin embargo, hay un hecho que resulta curioso, y es; cómo la esposa de un pintor decimonónico, que vivía en una casa de vecindad, en uno de los barrios mas modestos de Lima, y que fue sepultada en un nicho temporal, goza actualmente de una nada modesta sepultura con tallas de mármol de tan buena factura. en amplio espacio y preferente ubicación; nada menos que frente a la Cripta de los Héroes, en uno de los sectores más exclusivos del cementerio Presbítero Matías Maestro. Lo más probable es que alguno de sus cuatro hijos hizo fortuna y pudo darle a su padres, años después, una hermosa sepultura que, sin saberlo entonces, propiciaría la leyenda de “La Bruja Blanca”.

La base  de escultura esta firmadas por J. Durini .Curiosamente la famosa familia Durini,  de Escultores y Arquitectos, estaba conformada por Francisco Durini Vasalli, Lorenzo Durini Vasalli, Pedro Durini Caceres y Francisco Durini Caceres... Ninguno con la inicial J.  y ya  para esas fechas se encontraban trabajando en Quito, Centro América y México.

Podría tratarse de un trabajo local de “Collage” escultórico. O elaborado por algún descendiente no reconocido de Lorenzo Durini.



La leyenda urbana:
Pero cómo se convierte la buena Sebastiana Ureta, un siglo después, en “La Bruja Blanca”? Tal vez jamás sabremos quien comenzó el mito de sus poderes mágicos y milagrosos, que hoy corre como secreto a voces por los pasillos y pabellones del cementerio Presbítero Matías Maestro, pero es un hecho que el peculiar diseño de su nada modesta sepultura y las esculturas que la adornan tuvieron algo que ver:

La antorcha invertida, que es muy común en la simbología tanática y representa la extinción de la vida, en la tumba de Sebastiana es más alargada y esbelta de lo normal y las flamas parecen “barrer” la tumba, semejando más una escoba que una tea encendida. Escoba que sus fervientes devotos reconocen como única interpretación posible, aceptable y valedera.

También está el búho, colocado sobre la lápida junto a la cruz de mármol, que suele ser común en las sepulturas y la iconografía funeraria, pero que en este caso, por su postura inclinada hacia adelante, tiene más el aspecto de una “Lechuza de Huaca” (Athene Cunicularia) que de un búho y del que se dice, según la leyenda urbana, fue puesto allí por encargo de su esposo pues ella era una bruja buena. Por otro lado está la frase “mujer virtuosa” grabada en su lápida, y a la que más de un entrevistado, con más fe comprobada que instrucción certificada, interpreta como “mujer con virtudes o poderes mágicos”.

Por lo que para la imaginación popular, y la desesperanza ante la adversidad, seguramente la lectura de estos símbolos fue otra; “Escoba y lechuza en la sepultura, bruja más allá de toda duda”. El hecho que además una cruz cristiana domine el conjunto escultórico, seguramente añadió la certificación (ISO) de bruja buena o bruja blanca, con licencia para conceder favores a quien le envíe una súplica. Súplicas que recibe, en gran número, de sus fervientes seguidores, en pequeños trozos de papel doblado, introducidos en cada grieta y detalle de la escultura, cada jueves, día de brujas.

Texto y Fotos: © Carlos García Granthon






[1] Family Search, base de datos, microfilm N° 1151372
[2] Family Search, base de datos, microfilm N° 1160311
[3] Family Search, base de datos, microfilm N° 1160314
[4] Family Search, base de datos, microfilm N° 1160318
[5] Family Search, base de datos, microfilm N° 1110654
[6] Family Search, base de datos, microfilm N° 1160322
[7] Family Search, base de datos, microfilm N° 1100237
[8] Archivo General de la Nacion
[9] Archivo Central de la Sociedad de beneficencia de Lima 

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