viernes, abril 25, 2014

Dormiamos poco y soñabamos tango

Octubre - Noviembre de 2012



Era fines de Octubre de 2012 y fue un vuelo tranquilo desde Lima, que tras varias horas de buffet, bebidas y sonrisas de aeromozas pone a quien subscribe y otros cinco peruvianos, protagonistas de este relato, en Ezeiza, principal puerto aéreo de entrada a lo que fuera el antiguo virreinato del Río de la Plata.


No es hasta que descendemos del avión que nos presentamos los unos con los otros; Ana Chía, Moraima Montibeller, Eduardo Vásquez, Luis Gutarra y Marco Gamarra, con quienes en conjunto conformamos algo así como la “Selección Peruana de Profanadores de Tumbas”, invitados a exponer en el XIII Encuentro Iberoamericano de Gestión y Valoración de Cementerios Patrimoniales, a realizarse en la Ciudad de Rosario, Argentina, ese año. Cada quien viene con sus peculiaridades en equipaje y carácter. Cada quien trae una ponencia. Cada quien se llevaría de vuelta a casa, unos días después, una bonita aventura y cinco buenos amigos.

En el aeropuerto lo primero es lo primero, el hambre levanta la mano, y a falta de un local de parrilladas y chorizos, unas hamburguesas con sabor a franquicia foránea nos llenan el estómago mientras esperamos el bus que nos llevará hasta la ciudad de Rosario, al congreso, y al hostel  de mochileros en el que nos alojaremos. Rosario es una ciudad que impresiona por la imponente y rica arquitectura republicana de la primera mitad del siglo XX, donde lo pequeño, lo simple, lo austero y lo modesto fue  tabú arquitectónico, deportado del ámbito urbano por el triunvirato del mármol, el bronce y el hierro.  La casona de Don Jaime es un  hospedaje pintoresco y acogedor, en el que todo se comparte, todo se permite y todo se celebra. Se practica la palestra nocturna en el patio de la cocina y la siesta diurna en sala de lectura, que también es local de conciertos metaleros pasada la medianoche.  

Volviendo al congreso; éste se abre con una de las más amenas e interesantes ponencias sobre la vida de Rousseau que he escuchado, y en general, ninguna ponencia tiene pierde. Una expositora de Chile, no recuerdo su nombre, hace público el secreto a voces; aquí todos podemos hablar con libertad y compartir trabajos de investigación sobre el arte en los cementerios, su compleja iconografía, su rica historia, sus ritos, en fin, sobre el patrimonio funerario de las naciones en general, sin que nadie nos mire como anomalías académicas de socio patología necrofílica. Eduardo y Marco traen en su ponencia una muestra de su iniciativa privada  de apoyo y difusión sobre el patrimonio cultural del cementerio Presbítero Matías Maestro, en actual estado de desinterés y descuido administrativo, y víctima de la rapiña de los esbirros del mercado negro del arte. Lucho es gestor del proyecto también, y registra las imágenes de la gesta, Ana es el coach anímico, asesora de imagen, auditora, respaldo emocional, curandera y amalgama del grupo. Moraima en su ponencia, expone acerca del cementerio informal de Villa María del Triunfo, un fenómeno cultural, antropológico y social. Yo, pues… expongo sobre el registro gráfico de los cementerios patrimoniales, trabajo del que ya vieron algunas imágenes en el número anterior de esta revista, también en el presente ejemplar y seguramente verán más en los números que seguirán. 

Las mañanas son para asistir al congreso, las tardes para conocer la ciudad y las noches para los recorridos por los cementerios patrimoniales. Las personas en Rosario son amables, los mozos coleccionan monedas peruanas, los grafitis y esténciles callejeros aluden a la soja, al aborto y a la iglesia. Las personas pescan en el malecón del centro urbano, la antigua infraestructura portuaria es hoy taller de arte, gastronomía y esparcimiento, y la vida y raíces del Che Guevara es sólo opacada por la de Messi. Cuatro días después, terminado el congreso, nos despedimos de Rosario con rumbo a Buenos Aires y con la sensación de haber probado sólo la primera capa de este manjar cultural que merece disfrutarse en una cena más larga. Aquí Moraima se separa del grupo y, con una amiga que hizo en el encuentro, se va a un congreso de etnias Mapuches y Patagonas en una provincia del interior del país.

Ya en plan de actividades extracurriculares, nos fuimos unos días a conocer la metrópolis. A Buenos Aires llegamos a medianoche, a otro hostel de mochileros que reservamos por internet y que si bien no dista mucho del centro de  la ciudad, si dista mucho de lo que anuncia en su web… es una antigua casona republicana de 4 pisos con patio, hall y balconería central que mira al interior, y que hace las veces de eficiente chimenea que distribuye equitativamente, por un sencillo sistema de corrientes térmicas ascendentes,  el olor a marihuana que sube a todas las habitaciones del hostel, las 24 horas del día y sin costo adicional. El hostel tiene vista a la gran avenida, a un puente, y a la etnia de pastrulos y malvivientes de ojos sanguinolentos que residen en esa pequeña aldea edificada con desechos urbanos en la base del puente. El segundo día conseguimos habitaciones en el Hotel Uruguay, muy cerca de la Plaza de Mayo, apacible, cómodo, limpio, con sábanas y toallas limpias cada día y… más barato!


Buenos Aires es una ciudad de contrastes y paradojas; salvo por los restos de algunos túneles secretos bajo sus calles, ha borrado toda huella de su pasado colonial, para  dar espacio a un esplendor republicano de comienzos del siglo XX, que paradójicamente le da la espalda a América para mirar nuevamente a Europa. Es una gran ciudad que pasa por un mal momento; hay corrupción en el gobierno, descontento en la calle, especulación en el comercio, confiscación monetaria, mendicidad en las plazas y descuido en la ciudad. Apagones y marchas de protesta se cocinan en una ola de calor que, a 35°C  a comienzos de Noviembre, avala con elocuencia la huelga de recojo de basura. Lo repito; mal momento para visitar la ciudad, pero el mejor para conocerla bien.

Si bien somos un grupo, somos un grupo de individualidades y cada quien organiza y prioriza sus recorridos. Usualmente desayunamos y cenamos juntos, en el intermedio coincidimos en nuestras discrepancias y discrepamos en  nuestras coincidencias, cada quien visita la ciudad a su manera, a su ritmo y a su medida, rara vez alguien la recorre solo, rara vez lo hacemos con la misma persona.

Logramos infiltrarnos en una iglesia ortodoxa y presenciamos toda la ceremonia del rito religioso de la iglesia Rusa; solemne, dramático, colorido, interminable; tan largo como la feria de San Telmo que recorreríamos después en busca de alguna curiosidad.  Visitamos  La Recoleta, Chacarita, Palermo, Puerto Madero, el subte que colapsó un día de mucho calor en hora punta. Nos sentamos en una banca con Mafalda, estuvimos en el ateneo, el Barrio de la Boca, Caminito, bebimos Quilmes y cenamos carnes. La penúltima noche algunos de nosotros fuimos a dar una vuelta por el Café - Bar Orleans, pues habiendo visitado, museos, iglesias, plazas y cementerios, la ciudad no está completa sin visitar burdeles, y éste era uno de los más antiguos y emblemáticos de BsAs. Durante cinco días caminamos mucho, dormíamos poco y soñábamos tango.


Marco Gamarra y yo regresamos a Lima un jueves, el resto se quedó un día más para  disfrutar de una buena tormenta. Hace poco, exactamente un año después del viaje, nos reunimos todos en casa de Eduardo a recordar las anécdotas del viaje. Fue bueno volverlos a ver, pero sería mejor volver a viajar juntos...      .   




Texto y Fotos:
Carlos Garcia Granthon
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