miércoles, octubre 15, 2014

Cementerio de La Recoleta






Inaugurado el 17 de noviembre de 1822, en lo que fueran los terrenos de la huerta del convento de los frailes recoletos descalzos, El camposanto de La Recoleta se convirtió en el primer cementerio público de la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, y es un hecho que no muchos conocen, en 1863, cuando por un decreto del presidente Bartolomé Mitre, y en franca oposición al clero, se dio sepultura allí al Dr. Blas Agüero, conocido y prominente miembro de la Masonería; el obispo de la ciudad, Monseñor Aneiros, retiro oficialmente la bendición al cementerio y por ende el estatus de terreno consagrado, no habiéndose restituido, que se sepa, hasta el día de hoy. Dicho de otra manera y desde las formalidades del catolicismo urbano; La Recoleta es un cementerio, mas no un camposanto.



Más tarde, en la década de 1870, cuando la peste de fiebre amarilla asoló la ciudad de Buenos Aires, propagándose desde el puerto y diezmando los por entonces elegantes barrios del sur, como el de San Telmo, muchas de las familias adineradas, huyendo de la peste, se mudaron a zonas más al norte, a los extramuros de la ciudad, en las inmediaciones del cementerio de la Recoleta, convirtiéndose desde entonces, este barrio y su respectivo cementerio, en el más exclusivo de Buenos Aires. Al mismo tiempo que, por necesidad pública, se inauguraba también el cementerio de Chacharita en el sector Oeste, con un ambiente menos elitista.



El cementerio de la recoleta es uno de los más famosos de América Latina, y también uno de los que mejor estado de conservación presenta. Sus 4780 sepulcros, que ocupan poco más de 5 hectáreas, conforman una muy ordenada red de estrechas calles flanqueadas con elegantes edificaciones funerarias que conducen al visitante en un paseo por las ultimas moradas de las más ilustres familias y connotados personajes de la historia argentina, rodeados de las fabulosas obras escultóricas que en su memoria se levantan. 



La lista de hombres y mujeres que dejaron su nombre escrito en el anecdotario argentino, y en una lápida de este cementerio, ya sea a fuerza de pólvora, sangre, intriga, dinero o sapiencia, es interminable; y seria ocioso publicarlas todas en este artículo. Sin embargo hay algunos que no podemos dejar de mencionar:



Sin duda alguna, la tumba más visitada, casi a nivel de peregrinación y objeto de culto obligado de todo buen bonaerense; es el mausoleo de la familia Duarte, donde reposan los restos de Eva Duarte de Perón, la mujer que le dio rostro a la esperanza, y esperanza a una nación. Hablar de “Evita”, como la llaman los argentinos, en una mezcla de cariño y respeto, es hablar de argentina. 



Eva Perón falleció el 26 de Julio de 1952, siendo esposa de Juan Domingo Perón y primera dama de la nación, sin embargo sus restos no fueron sepultados aquí sino hasta 1976, luego de que su cadáver estuviera secuestrado y oculto por razones de revanchismo político, durante más de 21 años. Hasta donde se sabe; el cuerpo de Eva Duarte de Perón, preservado y expuesto en el local de la CGT, fue secuestrado en 1955 por órdenes del Presidente de facto Pedro Aramburú y, según se dice, oculto en el interior de una camioneta que durante meses estuvo estacionada en diferentes calles de la ciudad. En una ocasión, el cadáver momificado, fue visto de pie y exhibido como trofeo en las oficinas del coronel Moori Koening, hombre de confianza del gobierno militar de turno



En 1957, en complicidad con el clero y con la anuencia del propio Papa Juan XXIII, el cuerpo de Evita fue traslado en secreto a Italia y sepultado clandestinamente en el cementerio mayor de Milán bajo el nombre de María Maggi de Magistris. 



En 1970 los guerrilleros del grupo Montoneros, secuestraron al ex presidente Aramburu exigiendo, entre otras cosas, la restitución del cadáver de Eva Perón, pero Aramburu fue asesinado por sus captores sin que se produjera ningún canje. En 1971, por órdenes del General Lanusse, el cadáver, fue exhumado de Italia y, faltándole un dedo de la mano, le fue devuelto a Juan Domingo Perón en su exilio en Madrid. En 1974 los Montoneros, secuestran nuevamente a Aramburú, ya cadáver obviamente, por obra, gracia y desgracia de ellos mismos, pues como dijimos lo habían asesinado en 1970, para exigir a Perón, presidente nuevamente electo y en funciones, un nuevo canje por el cadáver de Eva Perón, que mantenía en su finca en España; En ese año, tras la muerte de Juan Domingo Perón; María Estela (Isabel) Martínez de Perón, tercera esposa, viuda del ex mandatario y presidenta de la república, traslada el cadáver desde España, a la finca presidencial, donde permanece hasta 1976, año en que una junta militar golpista finalmente devuelve el cadáver a la familia Duarte, quienes le dan sepultura en su mausoleo familiar, en el cementerio de la Recoleta, donde permanece hasta el día de hoy. Curiosamente, el cadáver de Pedro Eugenio Aramburú también está sepultado, y libre de sus captores, en el Cementerio de La Recoleta.


Pero si de Secuestrar cadáveres en La Recoleta se trata; la pauta la dieron, en 1881, los “Caballeros de la noche”, grupo de conspirados que no tuvieron mejor idea que secuestrar el cuerpo de Doña Inés Dorrego y exigir a Felisa, una de sus hijas, un cuantioso rescate según misiva de peculiar estilo y prosa que aquí se adjunta: 



“Señora Doña Felisa Dorrego de Miró y Familia 

Respetable señora y familia:

Al pasar vista por estas líneas tal vez encontrará que sus sentimientos desfallezcan, pero éste es un mal que no tiene remedio y nos encontramos impulsados con todo nuestro pesar a proceder, por causas ajenas, del modo que lo hacemos. Estos preliminares puestos, venimos sin más comentarios a participarles a ustedes que los restos mortales de su finada madre, Doña Inés de Dorrego, que reposaban desde hace poco tiempo en la bóveda de la familia de los Dorrego, han sido sacados por nosotros mismos en la noche pasada del 25 del corriente mes y que, por consiguiente, se encuentran en nuestro poder, fuera del camposanto de la Recoleta. Al mismo tiempo añadiremos que estos restos están rodeados de respeto y volverán intactos al lugar de donde han sido sacados, pero es bajo una condición, si ustedes quieren ser condescendientes con nosotros. Sabemos que Doña Inés de Dorrego al morir dejó a sus hijos queridos una fortuna colosal. Sabemos que esas hijas la lloran y la veneran, habiendo sido ella, con ellas, madre amante y cariñosa; y que esas hijas por todo el mundo no consentirían ver estos restos sagrados ultrajados y tirados al viento en tierras profanas y desconocidas. Sabemos que la familia de la señora de Dorrego está con justa razón celosa de su nombre ilustre y sin mancha, que la vil crítica no ha podido ni tal vez podrá alcanzar nunca. En fin, sabemos que para las ricas y generosas herederas de Doña Inés de Dorrego deshacerse de cinco millones de pesos moneda corriente, le sería una friolera, una cantidad insignificante...Con más claridad y en resumen: Ud. Doña Felisa Dorrego de Miró y familia, nos abonarán en el término de 24 hrs. la cantidad de dos millones de pesos moneda corriente, que son ochenta mil patacones, si quieren que los restos de su finada madre, Doña Inés de Dorrego, sean devueltos intactos y respetados al santuario mortuorio de la familia, de donde han sido sacados, sin que nadie sepa de lo sucedido, se lo juramos......Que indudablemente la justa crítica de una sociedad y una nación os cubrirá de vergüenza y lodo, manchado para siempre vuestro nombre, ilustre hasta la fecha. ‘Hijas ricas –dirán– y tan desnaturalizadas, que por no desprenderse de un poco de oro, y bajo fútiles pretextos, del deber y de su misma conciencia’......Que todas las precauciones, todas las medidas que aconseja la prudencia, han sido tomadas por nuestra parte y serán tomadas para burlar en todo y por todo la acción de la policía. Antes de tomar una resolución piénselo Ud. bien. Que esta resolución no sea hija de una obcecación o arrebato momentáneo e irreflexivo: el remedio podría ser peor que el mal...


Los Caballeros de la Noche


El cadáver fue encontrado al día siguiente por la policía, oculto en un mausoleo vecino, y los secuestradores fueron apresados. El cabecilla y autor de la pintoresca misiva extorsionadora, resulto ser Alfonso Kerchowen de Peñarada, un noble de origen belga caído en desgracia. En esa época el delito en cuestión no lo era tanto, pues no estaba tipificado en el código penal argentino, así que los secuestradores fueron dejados en libertad. Pero a partir de la fecha se incluyó un nuevo artículo castigando con prisión de dos a seis años a quien “sustrajese un cadáver y se hiciese pagar por su devolución”.



Pero la práctica del secuestro, no es la única vía por la que pueden hacerse desaparecer cadáveres. El cementerio de La Recoleta fue totalmente remodelado en 1881 y a consecuencia de tales obras se perdió el rastro, y los restos, de algunos huéspedes notables de la necrópolis; tal es el caso de Miguel Haines, nieto del rey Jorge IV de Inglaterra. También en algún momento se creyó perdida a Isabelle Colonna-Waleswki, nieta de Napoleón Bonaparte, pero afortunadamente se constató que aún reposa en el mausoleo de su madrina; Doña Mariquita Sánchez de Thompson, patriota y legendaria mujer argentina. Para terminar con esta pequeña muestra de la historia argentina escrita en las lapidas del cementerio de La Recoleta, mencionaremos a Pedro Benoit, notable arquitecto e ingeniero, que diseñó el trazado de la ciudad de La Plata, llego a buenos aires en un manto de misterio y murió en no menos en extrañas circunstancias; hasta hoy se cree, con cierta evidencia, que pudo ser Luis XVII, el Delfín perdido de Francia.

Texto y Fotos: © Carlos García Granthon


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