lunes, diciembre 01, 2014

Chile; un viaje de panteones, piernas y café



Eran las 8:30 de la mañana en un pintoresco poblado a orillas del río Aconcagua

- Buenos días, venimos al XV encuentro de la Red Ibero……
- Ah!, al encuentro de los finaditos?.. si, pase, es por ahí.
- Bueno, no es eso exactamente, pero… gracias…

El día anterior, 09 de Noviembre, había yo arribado a Santiago de Chile, para participar en el XV Encuentro de la Red Iberoamericana de Gestión y Valoración de Cementerios Patrimoniales. En el vuelo coincidí con José Luis Quispe Béjar, otro expositor. El resto de lo que, entre bromas, llamábamos la Selección Peruana de Profanadores de Tumbas, llegaría con algún retraso al evento. El viaje fue tranquilo, con los consabidos contratiempos de siempre. Al llegar a Chile encontré que alguien había abierto y saqueado mi equipaje de bodega, uhmm… empiezo a creer que; o hay algún fetichista en el aeropuerto de Lima, o mi ropa interior se ha convertido en objeto de culto. Además, antes de cumplir 24 horas en suelo Chileno ya llevaba rotos dos pares de anteojos de medida, la tablet bloqueada y también había perdido la tapa del lente de mi cámara y mi gorra nueva….en fin, lo usual, nada de qué preocuparse.


Desde el aeropuerto de Santiago; un par de conexiones “Rodoviarias”, como le dicen en esas latitudes al transporte terrestre, nos ponen en un par de horas, a José Luis y a mí, en Quillota; ciudad tranquila, sede del evento y con un rico historial como primer asentamiento de la conquista Española en suelo Mapochino. Las odiosas comparaciones son inevitables para quien viene de Perú a estas tierras del sur, y pues, encontrarse de golpe con que aquí el estadio alberga una galería de arte, es por decir lo menos… lapidario! Los habitantes de Quillota son extremadamente amables, me bastó ir a pedir un refresco en una bodeguita de barrio, para terminar sentado en la sala de la propietaria, conversando sobre la política social Chilena. 

La organización del evento es impecable en todo sentido. Entre ponencias, charlas y conferencias, se hacen nuevos amigos y se consolidan viejas amistades. Además el Municipio, y su alcalde, se preocupan por ofrecernos algún agasajo y convite cada noche. No voy a entrar en el detalle del contenido de las ponencias del encuentro, pues es ésta sólo una crónica de un ameno viaje, y en todo caso queda abierta la invitación, y las páginas de este magazine, para quien desee publicar la propia en términos más formales. 

Una noche, después de un coctel, ya con la delegación Peruana algo más completa con el arribo de Eduardo Vásquez, Luis Gutarra, Marco Gamarra y, además, confabulados con Paula Andrea Parada, nuestra amiga y anfitriona en Chile; empezamos las actividades extracurriculares. Emprendimos un raid, no oficial, al cercano puerto de Valparaíso y… quien diría que un trasnochado vigilante, luego de explicarle quienes éramos y nuestra misión en Chile, nos abriría de buen grado las puertas del Cementerio Municipal N° 1 a las 02:00 de la madrugada, para hacernos un tour guiado. La vista nocturna de Valparaíso desde las terrazas del camposanto es espectacular! 

La última noche del encuentro la recibimos, con música de cámara, en el Cementerio del Cerro Mayaca en Quillota, del que se dice podría ser el más antiguo de Chile y que además alberga, entre sus curiosidades y sepulcros, un “Muerto a bofetadas” según consta en su libro de inhumaciones y además un, más clandestino, hexagrama de hechicera grabado en el techo de uno de sus mausoleos. 

Solo añadiré a las experiencias del encuentro que, como dice el dicho; no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague (bueno lo segundo es sólo una idealización de la realidad). El hecho es que terminado el encuentro de este año, quedó nominada, y confirmada, la ciudad de Lima como sede del encuentro de la red para el 2015, y sí que nos han dejado puesta una valla bien alta… Gracias Quillota! Gracias Patricia!.. Además se ha nominado a Republica Dominicana como sede para el 2016. 

Bueno, han transcurrido tres días, se acabó el encuentro,.. y ahora qué hacemos?... pues al grupo de conspirados, se le suman Hortensia y Marcela de Arequipa, además de Eddy de Colombia, con la intensión de ir a Valparaíso en horas menos profanas… 

- No, entienda, no queremos ir de shopping, ni a tomar té con limón en el malecón levantando el meñique, sólo recójanos a las 7:00 a.m., llévenos al cementerio de Valparaíso y déjenos ahí, que tenemos cita…. ah sí, - acotó Eduardo- también un recorrido por los conjuntos escultóricos más emblemáticos y punto. 

- Pero es que mi tour ya está estructurado, con otros lugares de “mayor interés” además no puedo salir tan temprano, mi programa comienza a las 10:00 a.m. 

- Pues haberlo dicho antes de ofrecer sus servicios, además, en un evento de espacios fúnebres, como éste; qué tipo de lugares de “mayor interés” pensaba que teníamos en mente los concurrentes? Ni modo, nos vamos solos. 

Ese fue, más o menos, el diálogo que tuvimos con un operador de turismo que llevaba todo el día tratando de convencernos en tomar sus servicios para conocer Valparaíso, en un tour “personalizado”. El problema es que para el momento de la ruptura de las negociaciones, Eddy ya se había retirado al aislamiento de un misterioso y alejado convento de monjas que la acogía en Quillota, segura de que el operador del tour la recogería temprano. José Luis se ofreció como voluntario para avisarle del cambio de planes pero… el sueño lo ganó y hasta ahora recibo increpaciones epistolares de Eddy, en mi correo, por haberla abandonado, a ella, una madrugada de Noviembre, en un convento de monjas, en Quillota; ciudad creada con cariño, tal como lo dice el anagrama con las cuatro “C” que flanquean el escudo edil…. Aceptémoslo; tiene razón, eso no se le hace a una pelirroja. 

Luego de ir a Limache en bus y de ahí abordar un tren a “Valpo”, como le dicen los propios, nos alojamos en el hotel “Garden”, el más antiguo que encontramos, cerca del puerto. Nuestros pasos hacen crujir los pisos de madera en habitaciones que llevan más de 140 años archivando, en camas de bronce, los sueños de los viajeros que recalan aquí. 

Ya instalados, subimos por cablecarril a los cerros; los grafitis nos llevan por esas coloridas calles y escaleras, en olor a mezcla de cuento de hadas y leyenda urbana, donde la antigua cárcel es ahora un centro cultural y un viejo polvorín un parque. Así llegamos hasta nuestra primera parada; el Cementerio de Disidentes, allí Juan José Caro, administrador del predio desde hace 36 años, nos hizo un tour privado por esta espectacular plaza fúnebre, que resguarda con mucho celo; tesoros arquitectónicos, escultóricos e históricos, que merecen ser mostrados en un capítulo propio y dedicado, en un próximo ejemplar de este magazine. (Gracias Juan José!). 

El cementerio municipal N° 1 lo registramos esta vez con luz diurna. El N° 2 nos recibe con un cartel de “prohibido tomar fotografías”, pero como yo tenía mis lentes inservibles… no acusé recibo. Es aquí cuando Marcelita, siempre tan calladita, nos da una muestra de ingenio y agilidad mental; por hacerle una broma mientas ella tomaba una foto, le dijimos… cuidado!, ya te vieron!, ahí vienen!... ella sin inmutarse, y en un acto casi reflejo, se llevó la cámara compacta al oído y dijo en voz alta… “aló?, si?”... y siguió fingiendo como si hablara por un teléfono celular (…y parecía tan indefensa). Esa tarde nos despedimos de ella y de Hortensia, con el compromiso de visitarlas en el cementerio de La Apacheta en febrero. Al día siguiente dimos un paseo en trolebús por el puerto. Al mediodía, con agendas similares, pero rutas distintas al resto, José Luis y yo nos fuimos a Santiago, donde… donde comenzaron los problemas! 

Al llegar a Santiago nos encontramos con un colapso del metro y con todos los hoteles copados en medio de una ola de calor de más 34°C. Mientras el director del metro renunciaba a su cargo desde un helicóptero; nosotros recorríamos Santiago, mochila al hombro, buscando un alojamiento. Teníamos que presentar una ponencia en la Universidad SEK a las 18:00 y ya pasaban las 16:00. En un primer momento encontré una habitación simple con baño privado a buen precio, pero sólo una… créanme que, en las circunstancias, estuve tentado de acompañar a José Luis hasta el parque más próximo y decirle; eres libre! pero no, eso no se le hace a un amigo… bueno, a veces si… Finalmente, bastante cansados, encontramos un hostal, en buen barrio y mejor vista; nos contactamos con Paula y llegamos sobre la hora a la ponencia, sólo para darnos con la sorpresa que se había pospuesto por el colapso del metro. Maldición! 

Allí, en la SEK, conocí a Lilia, Jefa de la Carrera de Restauración de Obras de Arte de la universidad, y organizadora del evento. No me queda muy claro aún cómo fue que José Luis y yo terminamos involucrados, voluntariamente, como ayudantes en una intervención a una de las obras pictóricas más importantes de Chile; ”El Cubo de Matta”. Digamos en aras del resumen que, por un problema de mantenimiento en la sala que la alberga, la obra pictórica asegurada, según dicen, en unos 7 millones de dólares, debía ser cubierta para su protección. El banco, propietario de la obra, sólo confiaba en Lilia para tan delicada faena, y Lilia, sólo confiab… no, Lilia no confiaba en nosotros, pero éramos lo único que tenía a mano para ayudarla (gracias al colapso del metro). Obviamente, luego, todo el mundo quería saber que rayos habíamos hecho, y cómo nos había ido, encerrados durante dos horas, con semejante responsabilidad entre manos, en el tercer sótano de la bóveda de uno de los bancos más importantes de Chile… A lo que yo siempre respondía; “… y nada, todo bien, con el Maskin´n Tape que le pusimos por detrás, ya no se nota lo rasgado”. Bromas aparte, fue una experiencia interesante, de esas que hacen que un viaje tenga un giro distinto, gracias Lilia! 

Esa noche también participamos, como invitados, en una visita nocturna, de tinte paranormal, al Cementerio General de Santiago, con sesión espiritista y psicofonía incluidas en el paquete. No es mi estilo, no es de mi gusto, sin embargo la opción es respetable y además entiendo que hay un número nada despreciable de personas interesadas en el tema; pero para quien, como yo, ha caminado bajo muchas lunas, y en ausencia de ellas, por más de un cementerio… 

Al día siguiente, domingo, retornaron a Lima José Luis y Marco. Los que nos quedamos; dedicamos los siguientes tres días a recorrer Santiago, siempre colmados de atenciones por Paula, Beto, y toda su familia. (Gracias mil!). El martes en la mañana fui invitado, a hablar sobre mi trabajo fotográfico en una Clase en la Universidad Autónoma de Chile, en la tarde Eduardo y yo expusimos nuevamente nuestras ponencias del encuentro en la sede de la Universidad SEK, y así pusimos fin a las actividades oficiales de este singular viaje. 

De nuestros periplos extracurriculares por la ciudad de Santiago, sólo rescataría un par de cosas más: La primera; en un tour gratuito que ofrece la ciudad, al comenzar le hice hincapié al guía que yo debía abandonar el recorrido antes de tiempo, pues tenía un compromiso que atender al mediodía, (la aventura con el Cubo de Matta). El guía, en los mejores y más corteses términos, me hizo saber que si bien el tour era gratuito, las propinas son siempre bien recibidas, y que no me fuera sin “pasar por caja”… ok, por mí no hay problema… El problema comenzó cuando Eduardo y su fascinación por las obras de arte, en especial su obsesión por las esculturas de la fundición Val D’osne, empezaron a agobiar al guía, sobrepasando largamente la capacidad de éste en temas de historia del arte… a la primera oportunidad el guía en cuestión, harto de nosotros, nos dio el esquinazo y nos dejó abandonados en el cerro Sta. Lucía. (y no nos dejó propina!). 

Finalmente, visitar Santiago y no visitar un “café con piernas” es casi un pecado capital (visitarlo también!); pues estos establecimientos en los que el café se toma de pie, y es servido por esculturales chicas en minifalda y con predisposición a la tertulia, son casi un símbolo nacional. Los hay de varios tipos y grados, que según el tinte de los vidrios del local, que a más obscuros indican menores prendas, van desde el clásico café con piernas hasta el, digamos, café con entrepiernas. Luego de visitar algunos, sólo por curiosidad científica y nada más (lo juro!) No tardé mucho en darme cuenta que, tras seis cafés y una consecuente gastritis en progreso, el único libidinoso que miraba las monumentales piernas de las chicas era yo, y que los asiduos parroquianos, probablemente sin nadie con quien hablar en casa, van más en busca de un bonito rostro, con oído compasivo, a quien contarle su día a día, sus miserias propias y seguramente glorias ajenas, en aroma suave de ojos color miel y piernas con olor a café. Pues a decir verdad, quien ha caminado por Santiago, sabe que la mujer chilena es en general muy atractiva y que si sólo de ver piernas se tratara, en las calles transitan muchas de igual o mejor manufactura y además…. descafeinadas! 


Texto y Fotos: © Carlos García Granthon





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