viernes, marzo 04, 2016

Vicios de una democracia de verano

Es de prever que a este paso terminaremos votando, como siempre, no por el menos malo o por el menos burro; sino por quien quede en pie el 10 de abril, por muy animal que sea.


Resulta difícil pensar en el término desarrollo sostenible en Perú, especialmente en “Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles” (SDG#16), en  un país en el que a un mes de las elecciones generales, volvemos a tener esa sensación recurrente de estar saliendo otra vez de la brevedad estacional de uno que otro veranillo democrático,  para entrar nuevamente en el torbellino de sombras invernales de los vicios de la politiquería de un típico país bananero; donde el candidato con menos cuestionamientos resulta ser el que está en prisión acusado por delitos en agravio del estado[1], y la institución pública más confiable, en este momento, es el servicio meteorológico.


No recuerdo un proceso electoral tan vergonzoso e incierto como este, y vaya que recuerdo muchos; hoy tenemos candidatos que han plagiado hasta la ética ajena a falta de una propia, ebrios al aire, aire para los ebrios, segundas intromisiones de primeras damas, etiquetas azules, etiquetas de oficialistas, planchas tachadas y tachas planchadas, con jurados especiales especialmente conjurados, currículos de prontuariados y prontuarios curriculares. Todo cabe en el equipaje de cada candidato y pasa, o no, por la aduana del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) según el cambiante, y conveniente, humor de éste, en un viaje electorero en el que cada día alguien baja y alguien sube, según la puja de intereses, al tren presidencial. Un tren en el que nada es lo que parece sino todo lo contrario, y en el que se disputa, a sangre, artimaña y voto, el segundo asiento del  primer coche, como boleto seguro a gozar por cinco años de las comodidades y tentaciones del sillón presidencial.

Si, la batalla en la que todo es válido, menos la ética, es por el segundo lugar, que según aseguran los zahoríes y chamanes de la política peruana, es el lugar del elegido, del que ganará en segunda vuelta, apoyado por el rencor de los que quedaron terceros y el anti voto del primero, como ya ha ocurrido antes, a menos que quien va primero logre más del 50% de la preferencias, libres de polvo y tacha, en el primer round del recuento de ánforas. Es de prever que a este paso terminaremos votando, como siempre, no por el menos malo o por el menos burro; sino por quien quede en pie el 10 de abril, por muy animal que sea.

Texto y Fotos:
© Carlos García Granthon




[1] Gregorio Santos, candidato por el Partido Democracia Directa, preso en el penal de Ancón, acusado por delitos en agravio del estado.

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